El inicio del fin.

Todas las semanas presenciamos, nos cuentan, o vemos en los medios de comunicación nuevos casos de violencia en el deporte. ¿Qué podemos hacer para evitarlos? Lo primero, ¡conocer su origen!

Vamos a intentar comprender la violencia desde un modelo, el cognitivo–conductual, que explica el comportamiento humano dividiéndolo en 3 bloques principales: Conductas, Pensamientos y Emociones. Los pensamientos están en continua relación con nuestras emociones y conductas, y estas entre ellas; se trata de un ciclo en continua retroalimentación. 

¿En qué punto del ciclo surge la violencia?

El miedo, la frustración o la ira, pueden hacer que nos veamos inseguros, incapaces de afrontar lo que está sucediendo; sentimos que la situación es injusta, estamos siendo atacados y queremos salir de ella. Esto hace que seamos menos hábiles a la hora de controlar impulsos y tomar buenas decisiones. 

Ahí comienza la violencia, que lejos de solucionar el problema o ayudarnos a salir de la situación, lo que hace es alimentar nuestra visión negativa de ella; algo así como intentar apagar un fuego con gasolina. 

Si activamos otro tipo de pensamientos podremos ver los problemas o conflictos como una oportunidad de desarrollarnos y mejorar. Así, cambiando el ciclo (Emociones, Pensamientos y Conductas), fomentamos un comportamiento positivo evitando la violencia.

¿Qué puedo hacer para evitar la violencia?

Veamos unos ejemplos en los que los pensamientos pueden llevar a sentimientos desagradables y acciones violentas, con consecuencias negativas; o a sentimientos, acciones y consecuencias positivas y proactivas: 

Jon en el partido el domingo:

  • Situación: Mi defensor me hace una falta por detrás y me caigo al suelo. 
  • Emoción inicial: frustración, rabia, nervios, … 
  1. Pensamiento – Como me duele la rodilla, seguro me he lesionado y no puedo seguir; este tío es tonto, seguro que lo ha hecho intencionadamente.

Jon comienza a estar más rabioso, se ve incapaz de seguir y se siente atacado; su reacción podría ser: voy a empujar al que me hizo la falta, o en la siguiente jugada le busco para devolvérsela y si no le encuentro, voy a por otro. 

  1. Pensamiento – Me duele un poco la rodilla, pero seguro que podré seguir jugando; se ha pasado un poco haciéndome la falta, pero seguro que ha sido sin querer. 

Jon se siente motivado, con ganas de seguir jugando y esforzándose; su reacción podría ser: una buena defensa posterior, o chocar la mano con el defensor.

Sara, entrenadora del equipo cadete: 

  • Situación: El árbitro pita una falta con la que ella no está de acuerdo. 
  • Emoción inicial: Rabia, frustración, impotencia…
    1. Pensamiento: Este árbitro es malísimo, no tiene ni idea; me va a hacer perder el partido, seguro que conoce a alguien del otro equipo. 

Sara siente mucha impotencia, y cada ves esta más furiosa; su reacción podría ser: insultar al árbitro a grito pelado, amenazarle o animar a sus jugadores y a la grada a que apoyen sus quejas.

    1. Pensamiento: Habrá visto algo que yo desde aquí no he visto; Creo que se ha equivocado, pero bueno, yo también me he equivocado con la jugada de antes. 

Sara se siente frustrada, pero acepta la decisión y sigue animando a sus jugadores para mejorar la siguiente jugada. 

Mikel, padre de Ane, capitana del equipo infantil: 

  • Situación: a Ane le acaban de hacer una falta y parece dolorida. 
  • Emoción inicial: preocupación, nervios, …
  1. Pensamiento: esa bruta le ha hecho daño a mi niña; no deberían dejar jugar a una niña tan peligrosa; encima el árbitro no le dice nada. 

Mikel se siente rabioso, y pierde los nervios, comienza a insultar a la otra niña y al árbitro, o podría incluso encararse con los padres de la otra niña. 

  1. Pensamiento: vaya choque más feo, espero no se haya hecho daño; venga Ane no pasa nada, recuperas en las siguiente; son cosas del juego, la otra niña no ha controlado su fuerza. El árbitro ha pitado falta, es suficiente. 

Mikel sigue preocupado por su hija, pero sabe que el entrenador no va a dejar que siga jugando si está lesionada. Anima desde la grada a Ane para haga una buena defensa y luche por el siguiente balón. 

Padres, entrenadores y otros agentes del deporte pueden ayudar a los más pequeños a cambiar sus creencias negativas (pensamientos de todo o nada, etiquetas y generalizaciones) y poner en su lugar pensamientos (realistas y positivos) que ayuden a su adecuado desarrollo como deportistas. Si no paramos estos pensamientos, cada vez irán a más. 

¡No podemos dejar de sentir y pensar, pero sí podemos decidir qué hacer con nuestras emociones y pensamientos!

Equipo WATS